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lunes, 19 de marzo de 2012

Existencia y Autoridad en "La Sunamita", de Inés Arredondo


Inés Camelo Arredondo nació el 20 de marzo de 1928 en Culiacán, Sinaloa, en una familia de clase media alta. Su padre, Mario Camelo y Vega, fue un médico liberal, siendo Inés la mayor de nueve hermanos. Pasó gran parte de su infancia en la hacienda azucarera de su abuelo materno Francisco Arredondo, cercana a Culiacán y llamada "Eldorado".

Como escritora, publicó tres libros de cuentos: "La señal" (1965), "Río subterráneo" (1979) y "Los espejos" (1988). También se cuenta entre sus textos importantes su tesis de maestría "Acercamiento a Jorge Cuesta".

Pocos meses después de que la Universidad Autónoma de Sinaloa le otorgara el "Doctorado honoris causa" en premio a su carrera literaria, muere el 2 de noviembre de 1989, en la Ciudad de México.



sábado, 11 de febrero de 2012

El nombre vivo



Has venido con la noche,
no sé a qué hora exactamente.
De pronto han sido tu faz,
tu mirada; mi sonrisa, mis sueños.

Largamente duermes en mi sangre,
en el hervor de mis deseos.
Y te cambias de nombre
y de rostro a cada rato.

Busco tu nombre incierto…
Quiero tenerlo, como si así
me ganara la vida;
como al aliento mismo lo busco.

Y aquí está, remoto,
asido entre mis dedos tensos
como una flor herida.

Aquí está, conmigo,
tu nombre muerto.

martes, 31 de enero de 2012

Bienvenida


  Ha vuelto entre oscuro ropaje
  y estridentes risas.
  ¡Es la locura de mi corazón!

  Hoy quiero darle la bienvenida,
  rendirle un culto:
  asir su trémula mano de amor.

  Mujer de hielo y luna;
 diosa terrible.
  Duermo en tus brazos mi muerte.

  Y a la aurora de tu rostro
  siempre nuevo,
  vacilo y tiemblo, huyo de ti.

  Hoy quiero darte la bienvenida,
  diosa-mujer,
  ¡locura ardiente del corazón!

domingo, 29 de enero de 2012

Mujer y poesía














Aquí, de pronto te miro:
Virgen, Aurora, la Misma.
Tu angélica voz me ordena
que te cante, que te siga.
¿O soy yo mismo quien dícese
estar de ti sin compañía?

Eres un presentimiento;
preludio de nueva vida.
Casi tan real como una idea:
voz de mujer que musita
al alma un destino cierto.

Yo sé que vendrás un día,
cual frágil naturaleza.
Que entre mis manos, dormida,
producto de mis desvelos,
te me darás prevencida.
Mágico fruto de fe.

Hoy trabajo tu conquista,
esclavo en tu sombra-luz
(cual de Jacob su porfía
con el ángel que venció),
germen de ti: la poesía.